Cuando el paisajista Fernando Martos recibió una llamada invitándole al desfile de Dior en París, su primera reacción fue de sorpresa. Estaba trabajando en Mallorca cuando su agenda cambió radicalmente: tenía tres días para prepararse y viajar a la capital francesa para asistir a un evento de moda de alta costura.

«¿Qué hace un jardinero en un desfile de moda?», se preguntó inicialmente Martos, según recoge Telva. La respuesta a esa pregunta llegaría durante el propio desfile, pero antes tuvo que resolver otra cuestión más práctica: qué ponerse para la ocasión. La maison envió directamente al estudio del paisajista una selección de prendas: gabardina, vaqueros, camisa blanca y zapatos.
Una invitación que anticipa la experiencia
Al llegar a París, Martos se alojó en un hotel discreto con jardín en el centro de la ciudad. En su habitación le esperaba un ramo de narcisos amarillos y una caja gris que contenía la invitación al desfile. Dentro, dos miniaturas de las icónicas sillas verdes del Jardín de las Tullerías, el mismo espacio donde tendría lugar el evento.
«Entendí que la excelencia no es un gesto grandilocuente, sino una suma de decisiones minúsculas que apuntan en la misma dirección», reflexiona el paisajista sobre ese detalle. «En la jardinería sucede lo mismo: no es la planta, es el conjunto; no es el árbol, es el aire entre los árboles».
El jardín convertido en pasarela
El desfile transformó el espacio en un jardín temporal. En el centro, un estanque poblado de nenúfares gigantes evocaba los jardines de Monet en Giverny, rodeado por un invernadero reconvertido en pasarela.
Fue entonces cuando Martos encontró la respuesta a su pregunta inicial. Entre las piezas de la colección otoño-invierno 2026-27 apareció un diseño inspirado en la flor de cala, traducida en tela. «Por eso estoy hoy aquí», pensó al verlo desfilar ante sus ojos.
«La moda, en ese momento, no me pareció tan lejana. Es otra forma de trabajar con lo mismo»
Las conexiones entre moda y naturaleza
El paisajista reflexiona sobre por qué nos atraen las flores desde un punto de vista casi primigenio: «Nuestro cerebro primitivo las asocia con un sitio donde quedarse. Un jardín».
Esta conexión con la naturaleza no era casual. Christian Dior mantenía una relación especial con las plantas: su jardín en Granville fue durante su juventud un lugar de desconexión y posteriormente una fuente constante de inspiración para su obra creativa.
Martos salió del desfile con una conclusión: «Da igual si trabajas con la tierra o con telas, si miras bien y cuidas los detalles, el resultado es el mismo: un lugar donde uno quiere quedarse».
La experiencia del paisajista ilustra cómo la moda de alta costura y el diseño de jardines comparten principios creativos fundamentales: atención al detalle, composición armónica y la capacidad de crear espacios —físicos o estéticos— donde las personas deseen permanecer.
Fuente: Telva · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Tu Belleza MK con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

