La belleza ya no quiere borrar el paso del tiempo, quiere entenderlo mejor. Esa fue la gran conclusión de la II edición de TELVA Belleza & Bienestar, celebrada el 30 de septiembre en el Recinte Modernista Hospital de Sant Pau de Barcelona. Médicos estéticos, dermatólogos, cirujanos, farmacéuticos y expertos en investigación cosmética debatieron sobre cómo está cambiando nuestra forma de cuidar la piel y aproximarnos a los tratamientos estéticos.

El encuentro, dividido en dos grandes bloques —Belleza Médica by TELVA y Belleza con Ciencia by TELVA— dejó claro que el futuro pasa menos por hacer más y más por hacer exactamente lo que cada piel necesita. Mejor diagnóstico, tratamientos progresivos, formulaciones rigurosas, expectativas realistas y una belleza natural que no pretende convertirnos en otra persona.
La nueva medicina estética: prevenir sin perder la identidad
La dermatóloga Andrea Combalia lo resumió así durante la primera mesa: «Lo ideal sería buscar, tal y como nosotras somos, la mejor versión de nosotras mismas». Algo ha cambiado en las consultas. Según explicó la médico estético Cristina Cobaleda, las demandas actuales son de luminosidad, calidad de piel, aspecto descansado, no ya de pómulos o labios concretos. «La paciente ya no viene necesariamente con una fotografía de otra persona, sino que busca verse mejor ella misma», señaló.
Sin embargo, eso no significa empezar antes con determinados tratamientos. «Empezar la medicina estética, empezar a pinchar pronto, para mí es un error», advirtió Cobaleda. La valoración debe ser global: piel, sueño, estrés, alimentación, estilo de vida. Laura Gamboa, directora de Formación Internacional de Natura Bissé, insistió en que la barrera cutánea es la nueva arruga, y que protegerla debe ser prioritario antes de procedimientos más complejos. Combalia fue práctica: «Lo principal para mantener la función barrera es, a veces, reducir la rutina cosmética, simplificar y buscar los activos adecuados para cada piel».
Tecnología sí, pero después de un buen diagnóstico
En la segunda mesa, el dermatólogo Íñigo de Felipe, la médico estético Alba Escabias Haro y Beatriz Molina hablaron de innovación, tecnología y regeneración. La regla número uno: antes de decidir qué máquina utilizar, hay que diagnosticar. «Los pacientes ven tratamientos nuevos en redes sociales, alguien le pone un nombre nuevo a una radiofrecuencia o a un láser y creen que esa máquina va a ser mejor para ellos», apuntó Molina. Pero no existe una tecnología universal porque tampoco existe una única forma de envejecer.
Para De Felipe, uno de los mayores retos sigue siendo contar con evidencia científica de calidad. «Nos falta mucha investigación bien hecha. Y para hacer investigación bien hecha hace falta mucho dinero», señaló. El futuro, en su opinión, llegará cada vez más de la mano de la biología molecular. Innovar, añadió Escabias, no es acumular tecnología, sino utilizarla de manera correcta y con criterio médico.
Una buena cirugía no termina al salir del quirófano
El posoperatorio es una fase frecuentemente infravalorada. «El posoperatorio no es un trámite, sino una parte esencial del tratamiento», explicó el especialista Alejandro Mazarro. Seguir las indicaciones médicas, respetar los tiempos de recuperación y evitar hábitos como el tabaco marcan diferencias. La dermatóloga Noelia Martínez recordó que una cicatriz puede tardar entre 6 y 18 meses en madurar. Y dejó uno de los mensajes más claros: «Por favor, por favor, por favor: protección solar en una cicatriz reciente».
Detrás de una buena crema hay mucha más ciencia de la que vemos
Por la tarde, Belleza con Ciencia by TELVA cambió el foco hacia el laboratorio. Silvia Cortés, Chief Scientific Officer de Niche Beauty Lab; la farmacéutica Montse Pedró, y Ana López Ballesteros, de Cantabria Labs, explicaron que desarrollar un cosmético puede requerir uno, dos, tres años o incluso más. Equipos multidisciplinares de farmacéuticos, químicos, biotecnólogos, dermatólogos e investigadores trabajan detrás de cada fórmula.
«Tenemos que pensar en la fórmula terminada en vez de hablar solo del ingrediente», defendió Pedró. Que un producto contenga retinol o vitamina C no dice cuánto va a funcionar: importan su concentración, estabilidad, vehículo, interacción con otros ingredientes e incluso el envase. Cortés lo resumió: «Vamos hacia la optimización: no se trata de poner cuanto más mejor dentro de una fórmula, sino de formular de la mejor manera posible». Por eso un porcentaje muy elevado de un activo no convierte automáticamente un producto en más eficaz y, en algunos casos, puede empeorar su tolerancia.
López Ballesteros recordó que para valorar correctamente una evidencia «hay que saber con cuántas personas se ha hecho un estudio y qué metodología se ha utilizado». No basta con el reclamo clínicamente probado: importa saber qué se ha probado, cómo y sobre qué fórmula.
Fuente: Telva · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Tu Belleza MK con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

